Planificación fiscal

La planificación fiscal se confunde a menudo con prácticas muy distintas, que tienen poco que ver con una correcta gestión de la carga fiscal y contributiva de la empresa o del contribuyente.

La ilusión de la llamada «escapología fiscal»

En internet cada vez es más frecuente encontrar autodenominados «asesores», sin ningún título habilitante, que utilizan el término «escapología fiscal» para presentarse como alternativa a los profesionales colegiados. Sin embargo, las normas fiscales son leyes del Estado: pueden gustar o no, pero si se elige vivir en un país de derecho, deben respetarse. Quien promete eludirlas de forma sistemática, además de no poder garantizar nada a su cliente, empuja hacia conductas que fácilmente rozan la elusión o la evasión fiscal, con consecuencias también graves.

La elusión y la evasión no son planificación

La elusión fiscal consiste en realizar actos sin razones económicas válidas, dirigidos a eludir normas tributarias para obtener una reducción indebida de la carga fiscal: actos que resultan inoponibles frente a la Administración tributaria. La evasión, por su parte, implica una violación directa de la norma. Ninguna de las dos puede definirse como planificación fiscal, y quien las presenta como tales, a menudo sin estar habilitado para la defensa del contribuyente, no ofrece ninguna garantía real en caso de controversia.

Qué es realmente la planificación fiscal

La planificación fiscal es, en cambio, una actividad lícita e importante, que permite alcanzar plena conciencia de la carga fiscal y contributiva derivada de una elección o de una serie de elecciones empresariales o personales. Se trata de un proceso complejo, que debe construirse junto con una coherente planificación financiera, económica y jurídica, teniendo también en cuenta los aspectos civiles, penales y administrativos vinculados a las distintas opciones normativas disponibles.

Por qué confiar en profesionales habilitados

Una correcta planificación fiscal, si se construye con decisiones oportunas, puede permitir también importantes ahorros legítimos. Por el contrario, la falta de planificación —o confiar en quienes no tienen los títulos para garantizar realmente nada ante un juez o ante la Administración tributaria— conduce a menudo a pagar sanciones evitables y a encontrarse en situaciones difíciles de resolver. Por ello consideramos que la planificación fiscal debe pasar siempre por profesionales habilitados e inscritos en los colegios correspondientes.